Confesiones de una maestra

Cuando se acerca septiembre, el paisaje urbano se modifica. Después del adormecimiento vacacional, la muchachada anima las calles con el colorido de los uniformes. Algunos jóvenes se estrenan en la universidad, donde habrán de esbozar proyectos de futuro. En esos días percibo con mayor agudeza la nostalgia del aula. Siempre me tentó la vocación del magisterio, pero nunca estudié pedagogía. Aprendí el oficio sobre la marcha y, sobre todo, valiéndome de las vivencias personales, imitando a mis mejores profesores y descartando comportamientos que me parecían inadecuados.

Como los cimientos de un edificio, en el maestro que permanece en el aula se encuentra la clave que sostiene todo el sistema. Aprovechemos la alegría del nuevo curso para revisar conceptos y devolver lustre a la figura del maestro según la mejor tradición pedagógica cubana.

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