Manila, 5 ene (EFE) Las autoridades de Filipinas han elevado hoy a 25 el número de muertos y a 453 000 las personas afectadas por las inundaciones y deslizamientos de tierra que tienen lugar en el este y sur de país por las lluvias que comenzaron la semana pasada.

El estado de calamidad ha sido declarado en las provincias de Albay y Surigao del Sur y en varios municipios de Agusan del Sur.

La mayoría de las víctimas mortales, incluidos menores, perdieron la vida ahogados o sepultados por las avalanchas de tierra.

La provincia de Agusan del Sur tiene el mayor número de muertos (7), seguida de Leyte del Sur (5), Surigao del Sur (4), Albay (3), Agusan del Norte (2), Lanao del Norte (1), Valle de Compostela (1), Davao del Sur (1) y Surigao del Norte (1), según los últimos datos del Consejo Nacional de Gestión y Prevención de Desastres.

El desastre natural afecta a 20 provincias del país y alcanza a 89 175 familias (453 529 personas), de las que 1 885 (9 088 personas) se encuentran acogidas en 37 centros de evacuación.

La cifra de filipinos atendidos en los centros de evacuación ha descendido en 3 820 personas, en torno a un 30 por ciento, en las últimas 24 horas.

Un total de 49 viviendas han quedado completamente destruidas y 59 parcialmente dañadas.

Agusan del Sur aún tiene hoy tres carreteras cortadas para todo tipo de vehículos, mientras que en Surigao del Sur el problema ha quedado reducido al trayecto entre Payasan y Los Arcos, en todos los casos debido a los corrimientos de tierra.

Los cortes de luz se han solventado en la mayoría de los casos, salvo en las aldeas más apartadas.

Las autoridades de Caraga, una división administrativa creada en 1995 en Mindanao y que integra a Agusan del Norte, Agusan del Sur, Surigao del Norte y Surigao del Sur, han calculado en 141 millones de pesos (3,2 millones de dólares o 2,4 millones de euros) los daños a las infraestructuras.

El presidente de Filipinas, Benigno Aquino, ha ordenado que se ocupen primero de las víctimas y las necesidades de los desplazados, al tiempo que ha pedido explicaciones al Consejo Nacional de Gestión y Prevención de Desastres sobre las medidas que aplica para evitar estas catástrofes que castigan al país todos los años.

La organización Green Coalition culpó hoy de la situación en la región de Caraga a las explotaciones mineras y a la tala de madera ilegales.

Un frente frío proveniente del Pacífico ha provocado las precipitaciones que caen en al este y sur de Filipinas, cuando el país se adentra en la estación seca, que suele arrancar a finales de noviembre y prolongarse hasta mediados de mayo.

Según los meteorólogos, el fenómeno se debe a un cambio en las corrientes de los vientos procedentes del Pacífico Central.

Indianapolis, 5 ene (AP) Las tierras de cultivo que no se aran entre cosechas liberan cantidades significativamente menores de un gas contaminante en comparación con los campos labrados en forma convencional, según un nuevo estudio que dice que la agricultura sin arados podría combatir el calentamiento global.

Los autores dijeron que los resultados también podrían ayudar a los agricultores a usar de manera más eficiente los costosos fertilizantes a base de nitrógeno, ya que no arar al parecer frena su desintegración en la tierra.

El estudio de tres años de la Universidad de Purdue observó la cantidad de óxido nitroso que liberan los campos sin arar en comparación con las tierras aradas. En los primeros, los agricultores dejan los restos de la cosecha en el suelo y mueven la tierra lo menos posible, aunque sí plantan semillas e inyectan fertilizantes.

Los campos sin arar liberaron 57 por ciento menos de óxido nitroso que los labrados con arados de cincel, que mezclan las plantas con la tierra después de la cosecha, dijo el agrónomo de Purdue Tony Vyn, director del estudio.

También producían 40 por ciento menos de gas que las tierras trabajadas con arados de vertederas, que tienen placas de metal que dan vuelta la tierra.

Esas cifras son promedios, dijo Vyn. Los investigadores estudiaron algunos campos en los que se cultivaban alternativamente maíz y soya y otros donde se plantaba maíz todos los años. Las emisiones en los de cultivos rotativos fueron menores que en los otros, dijo.

Vyn dijo que se sorprendió por la gran cantidad de óxido nitroso que su equipo detectó en el aire de los campos arados, en comparación con los que hace tiempo eran trabajados sin labranza, una técnica que busca combatir la erosión.

El óxido nitroso en la atmósfera atrapa 310 veces más calor que el dióxido de carbono, el gas al que se atribuye en mayor medida el efecto invernadero, dijo Vyn.

La Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA por sus siglas en inglés) ha establecido que el óxido nitroso puede permanecer 120 años en la atmósfera, lo que aumenta su impacto en el calentamiento global.

“Porque dura tanto tiempo, necesitamos hacer todo lo que podamos en las prácticas agrícolas para reducir su liberación”, dijo Vyn. “Una vez que se libera, se queda en el aire un largo tiempo, más largo que la vida de cualquier persona”.

El estudio se publicó en la edición de enero-febrero de la revista científica de la Sociedad de Ciencias del Suelo de Estados Unidos.

México, 5 ene (Notimex) La zona noreste del Valle de México presentó “mala calidad del aire”, por lo que el Sistema de Monitoreo Atmosférico (Simat) de la ciudad de México recomendó a la población evitar actividades al aire libre.

En su reporte de las 9:00 horas, detalló que las partículas suspendidas menores a 10 micras (PM10) rebasaron los 100 puntos en la escala del Indice Metropolitano de la Calidad del Aire (Imeca), mientras que en el resto de las regiones del Valle de México los niveles oscilaron entre 57 y 78 unidades.

El organismo dependiente de la Secretaría del Medio Ambiente del Distrito Federal adelantó que este miércoles se esperan condiciones meteorológicas desfavorables para la dispersión de contaminantes.

Precisó que se prevé que las mayores concentraciones de ozono se registren en el suroeste del Distrito Federal, donde hay 90 por ciento de probabilidad de que los niveles de ese contaminante oscilen entre 101 y 105 puntos entre las 15:00 y 17:00 horas.

De acuerdo con el Imeca, las concentraciones superiores a 100 puntos pueden causar molestias en la salud en personas de la tercera edad, niños y personas con alguna afección cardiorrespiratoria, por lo que se recomienda evitar hacer deportes al aire libre.

Apoyo psicológico en desastres: Propuesta de un modelo de atención basado en revisiones sistemáticas y metaanálisis. Rodrigo A. Figueroa, Humberto Marín, Matías González. Rev. méd. Chile vol.138 no.2 Santiago Feb. 2010.

Actualmente, el mundo se enfrenta a los desastres a una escala sin precedentes. Entre los años 1993 y 2003, los desastres cobraron cada año 58 mil vidas, afectaron a 255 millones de personas y costaron 67 billones de dólares. En el año 2003, una de cada 25 personas fue afectada por algún desastre. Desde la década 1950-59 el costo económico asociado a éstos se ha incrementado 14 veces. Las estimaciones indican que los desastres naturales podrían aumentar su frecuencia producto del cambio climático. El crecimiento poblacional, la urbanización y la pobreza podrían aumentar nuestra vulnerabilidad1.

Se considera desastre cualquier emergencia que sobrepase las capacidades de respuesta local, obligando a solicitar apoyo externo2. Para que una emergencia sea incluida en el Centro de Colaboración de la Organización Mundial de la Salud para el Estudio de la Epidemiología de los Desastres (Centre for Research on the Epidemiology of Disasters-CRED), ésta debe: a) Haber cobrado 10 o más vidas; b) Haber afectado a 100 o más personas; c) Haber obligado a declarar estado de emergencia; o d) Haber obligado a solicitar apoyo internacional2.

Aunque hoy se sabe que la mayoría de los afectados por un desastre no desarrollará psico-patología, un grupo significativo lo hará3-7. Dentro de las consecuencias psicológicas más frecuentes se encuentra el distrés subclínico3,4,8, el trastorno por estrés agudo9-11, el trastorno por estrés post traumático (TEPT)3,4,12, la depresión mayor3,4, el aumento del consumo de alcohol y drogas13,14, otros trastornos de ansiedad4,15,16 y los síntomas de somatización17. Los factores moderadores de riesgo más importantes para el desarrollo de psicopatología, especialmente TEPT, son el nivel de percepción de amenaza vital, el nivel de apoyo social después del trauma, el tipo de respuesta emocional peri-traumática y el nivel de disociación peri-traumática18.

Aunque actualmente existen guías clínicas para el manejo de las víctimas de desastres19,20, éstas están escritas en inglés. La escasez de publicaciones en nuestro idioma es preocupante. En una búsqueda en PubMed en abril de 2009, sólo encontramos 7 revisiones, metaanálisis o guías clínicas en castellano acerca de TEPT, comparado con 1.820 en inglés.

El objetivo de este trabajo es elaborar un modelo de intervención psicológica temprana en víctimas de desastre, escrito en castellano y fundamentado en la mejor evidencia disponible, de acuerdo a los principios de la medicina basada en la evidencia21.

Alimentación y nutrición de la población ante situaciones de desastres naturales. María Matilde Socarrás Suárez; Miriam Bolet Astoviza. Rev Cubana Salud Pública v.36 n.4 Ciudad de La Habana oct.-dic. 2010.

Los desastres naturales azotan a Cuba y se deben atenuar sus estragos sobre la salud y la alimentación de la población. El estado de nutrición de la población depende de la disponibilidad, el consumo y la utilización biológica de los alimentos. Los desastres naturales pueden perjudicar el estado nutricional de la población debido a su impacto sobre uno o varios componentes de la cadena alimentaria, que dependerán del tipo, duración y magnitud del desastre, así como de las condiciones de alimentación y nutrición que existían previamente en la zona. Se revisa la información disponible sobre alimentación y nutrición en los desastres y se identifican las medidas de control y prevención para evitar la desnutrición y conseguir la mejor alimentación en las situaciones de emergencia, incluido la alimentación de lactantes y niños pequeños. Se precisan los pasos inmediatos a dar para garantizar la eficacia de un programa de ayuda alimentaria, entre ellos, evaluar las provisiones de alimentos disponibles después del desastre, determinar las necesidades nutricionales de la población afectada, calcular las raciones alimentarias diarias y las necesidades de grandes grupos de población y vigilar el estado de nutrición de la población afectada. En los desastres es necesario mejorar el abastecimiento de alimentos con un mayor aprovechamiento de los productos cosechados y ampliar la cultura nutricional, lo que traería aparejado el incremento de la seguridad alimentaria y la prevención de la desnutrición.

Guías operativas posdesastre: Brotes epidémicos por leptospirosis, dengue, malaria. OPS. 2009.

Los equipos de respuesta en desastres enfrentan frecuentemente la necesidad de responder a brotes epidemiológicos en una forma rápida y oportuna; la presente guía operativa espera contribuir en la atención posdesastre para que se logre una respuesta adecuada que permita delimitar la extensión de un brote y proponer acciones de primera respuesta.

El objetivo de la presente guía es facilitar los preparativos del sector salud ante situación de desastre, su desarrollo y contenidos se sustentan las necesidades y experiencias de personal de salud y expertos de República Dominicana, Nicaragua, Bolivia y Paraguay; en la primera parte se incluye las relaciones entre las salas de situación y los centros de operaciones de emergencias de salud; en la segunda parte, se incluyen guías especificas para leptospirosis, dengue y malaria; se presentan procedimientos para la conformación y operación de los equipos de respuesta, listas de verificación de las acciones prioritarias en atención médica; vigilancia epidemiológica, control vectorial o zoonótica, según corresponda- comunicación, y participación de la comunidad.

La preocupante falta de formación en desastres dentro de las escuelas de medicina latinoamericanas. Luigi Accatino; Rodrigo A. Figueroa; Joaquín Montero; Matías González. Revista Panamericana de Salud Pública. 2010.

De acuerdo al Centro de Investigación sobre la Epidemiología de los Desastres, entre 1974 y 2003 ocurrieron 6 367 desastres en el mundo, sin contar las epidemias. Estos desastres han dejado un saldo de más de 2 millones de muertos, 5 100 millones de afectados, 182 millones de personas sin hogar y daños en infraestructura valuados en US $ 1,38 billones.

Solo en el presente año, dos devastadores terremotos asolaron a nuestro continente, uno el 12 de enero en Haití, que dejó un saldo aproximado de 230 000 muertes, 300 000 lesionados y 1 000 000 de personas sin hogar, y otro el 28 de febrero en Chile, donde se notificaron 342 víctimas fatales, 97 desaparecidos, 800 000 damnificados y pérdidas materiales por unos US$ 29 662 millones (2, 3). En 2005, el huracán Katrina dejó a su paso una ciudad prácticamente destruida por las inundaciones, más de 1 800 personas muertas y cerca de 146 000 sin hogar, y daños materiales por US$ 75 000 millones, en lo que se ha considerado la mayor catástrofe natural de Estados Unidos.

Se prevé que el número de desastres naturales —incluidos aludes, erupciones volcánicas, huracanes, inundaciones, maremotos y terremotos— y su impacto proporcional en la gente aumentarán debido a los cambios climáticos, al desplazamiento de poblaciones a zonas de mayor exposición y al aumento de la densidad poblacional. Su ocurrencia genera problemas de salud a corto, mediano y largo plazo. Dentro de la primera fase se encuentran el rescate, la atención de heridos con lesiones de diversa gravedad y el manejo de cadáveres. En la segunda sobreviene un mayor riesgo de enfermedades transmisibles, que crece en función del hacinamiento y el deterioro de la situación sanitaria, los daños sufridos por los establecimientos de salud y el desabastecimiento de agua potable, alimentos y otros bienes básicos.

En el largo plazo adquieren particular relevancia las consecuencias psicológicas del desastre. Dentro de las más frecuentes se encuentran el trastorno por estrés post traumático (TEPT), la depresión mayor, el aumento de consumo de drogas y alcohol, otros trastornos de ansiedad y los síntomas de somatización. Durante el primer año post terremoto en Chile, 30 a 40% de los damnificados, 10 a 20% de los intervinientes y 5 a 10% de la población general podrían presentar TEPT (7). Un tercio de los pacientes con TEPT continuará sintomático una década después, con altísimos costos por ausentismo laboral y suicidio.

De los tres componentes principales —preparación, mitigación y respuesta— que conforman la gestión de la salud en casos de desastre, la preparación reviste una importancia fundamental (5, 6). En este sentido, el personal sanitario debería contar con las capacidades técnicas necesarias en todos los tópicos relativos a los desastres, desde la prevención a la respuesta y luego a las consecuencias sobre la población en sus diversas fases. La gestión en desastres tendría entonces que formar parte de los programas de estudios de la Región a nivel de pre y post grado, comenzando por las escuelas de medicina, de enfermería y de salud ambiental.

Con objeto de informarnos sobre este tema, examinamos los planes de estudios de pregrado para la carrera de médico-cirujano de las 37 universidades hispanoparlantes que contaban con escuelas de medicina y conformaban el grupo de las 100 mejores universidades latinoamericanas (9). Hallamos que solo una (2,7%) incluía algún grado de formación en situaciones de desastre, una realidad preocupante que debe ser encarada tanto por las autoridades sanitarias como por las casas de altos estudios y otros centros de formación en salud.

Es preciso y prioritario que las escuelas de medicina incorporen en sus planes de estudios un programa integral sobre desastres, donde se revisen aspectos de prevención, organización —nacional y local— y respuesta frente a estas emergencias, así como el manejo de sus consecuencias sanitarias a corto, mediano y largo plazo. Los desastres constituyen un problema de salud pública de alta relevancia. Todos estamos expuestos a ellos y, aunque no sabemos cuándo, sí tenemos certeza de que ocurrirán, por lo que resulta fundamental que nuestros profesionales de la salud se encuentren adecuadamente preparados para enfrentarlos.