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El Pais

Una reprogramación más simple abre la puerta a nuevos medicamentos y a la investigación de los mecanismos implicados

MALEN RUIZ DE ELVIRA - Madrid – 28/08/2009

 Primero cuatro, luego tres, luego dos y ahora sólo uno. Con un solo gen han conseguido científicos del Instituto Max Planck producir células madre totipotentes inducidas, las ya famosas iPS. Desde que en 2007 el científico japonés Shinya Yamanaka demostrara que se puede volver atrás el reloj biológico de células adultas con la ayuda de cuatro factores de transcripción (genes), dando lugar a células madre como las polemicas embrionarias, el sector está echando carreras para ver quién desarrolla antes procesos más fáciles, más eficientes y, sobre todo, más seguros para avanzar hacia las aplicaciones clínicas, todavía lejanas.

El último paso lo ha dado el equipo liderado por Hans Schöler en el Instituto Max Planck de Biomedicina Molecular, del que forma parte el ingeniero bioinformático español Marcos Araúzo. Tras varios pasos previos, en ratones, del cóctel de Yamanaka se han quedado sólo con el gen OCT4, al que Schöler ha dedicado gran parte de su trayectoria científica. Han comprobado que a partir de células fetales del sistema nervioso obtienen las citadas iPS, con capacidad para convertirse en células de cualquier tejido. Esto es posible porque las células de partida ya sobreexpresan los otros genes utilizados hasta ahora, lo que no sucede en otros tipos celulares. El artículo se ha publicado hoy como avance en la revista Nature.

Es un logro no general, ya que parten de un solo tejido, el nervioso, pero éste es especialmente importante para futuras aplicaciones personalizadas en enfermedades neurodegenerativas, aunque resultaría difícil obtener tejido neuronal de los pacientes.

La manipulación genética para hacer que las células vuelvan a su infancia se hace a través de virus, aunque se están ensayando otras formas. Si se puede conseguir con un solo virus, se simplifica mucho la técnica y se reducen los riesgos potenciales en futuras terapias, ya que dos de los genes utilizados al principio son capaces de generar cáncer.

Aunque la consiguen, los científicos no saben cómo funciona la reprogramación, y el nuevo método simplificado para hacerlo va a ayudar a saberlo, ya que se pueden producir más fácilmente y habrá más para analizar, explica Araúzo. También resulta importante para disponer de cultivos celulares específicos de enfermedades en los que ensayar de forma robotizada miles de sustancias para hallar nuevos medicamentos.

Tras el anuncio este verano de que tres equipos (dos chinos y uno estadounidense) han conseguido generar ratones enteros a partir de las células iPS, quedan pocas dudas de que se trata en verdad de células madre. Sin embargo, a pesar de los grandes avances en su generación y cultivo, persisten problemas (lo mismo que con las embrionarias) en controlar su diferenciación en algunos tejidos, como el hepático, aunque en otros es muy fácil, como es el caso del cardíaco. Tampoco se sabe por qué algunos injertos para reparar tejidos dañados no funcionan, aunque las células no mueran.

Para acercarse más a la medicina regenerativa, con células generadas a partir de las del propio paciente, el citado instituto está siendo financiado generosamente, comenta Araúzo. “Es algo que vale la pena, siempre es posible que no se obtenga lo esperado, pero si no se intenta no se obtendrá”, comenta

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