A manera de editorial. Los trabajos y opiniones que aquí se exponen son orientadores de lo que se publica en Cuba y en el mundo sobre aspectos relevantes de la hipertensión arterial.
Por: Cécilia Cacciolati, Christophe Tzourio, y Olivier Hanon. American Journal of Hypertension, volume 26, issue 3, pp. 367-372.
The relationship between blood pressure (BP) measured, its variability, and risk of cardiovascular events is well established; however, it is not well known whether there is a difference of variability between the four categories of BP status obtained by the comparison of office and home BP measurements: normotension and masked, white-coat, and sustained hypertension. Here, we assessed BP variability (BPV) according to BP status in the elderly. In elderly individuals, the short-term variability of BP is similar in masked and sustained hypertension and higher than in normotension and white-coat hypertension. This result suggests the hypothesis that BPV among persons with masked hypertension may contribute to the elevated cardiovascular risk observed in this BP pattern. [Actualizado: 21 febrero 2013]
Esta sección expone trabajos actuales, de carácter investigativo sobre la hipertensión arterial.
Por: Darko Miljkovic, Christine Perret-Guillaume, François Alla, Paolo Salvi, Marie-Line Erpelding y Athanase Benetos. Oxford Journals Medicine American Journal of Hypertension Volume 26, Issue 2 Pp. 163-173.
The Predictive Value of Blood Pressure and Arterial Stiffness in Institutionalized Very Aged Population (PARTAGE) study is a 2-year cohort study of 1,130 subjects living in 72 nursing homes in France and Italy.
These findings suggest that SBP, DBP, and PWV provide different information in the very elderly. The results of the prospective, longitudinal, long-term PARTAGE study will allow further insight into this and provide additional in-depth information about the respective prognostic value of the measurement of peripheral BP and PWV. [actualizada: 04 de febrero de 2013]
Esta sección mostrará algunos trabajos que puedan ser útiles a nuestros facultativos por su interés práctico o teórico.
Early life stress and blood pressure levels in late adulthood
Por: H Alastalo, K Räikkönen, A-K Pesonen, C Osmond, D J P Barker, K Heinonen, E Kajantie y J G Eriksson. Journal of
Human Hypertension (2013) 27, 90–94.
Severe stress experienced in early life may have long-term consequences on adult physiological functions. We studied
the long-term effects of separation on blood pressure levels in non-obese subjects who were separated temporarily in
childhood from their parents during World War II (WWII). The original clinical study cohort consists of people born
during 1934–1944 in Helsinki, Finland. This substudy includes 1361 non-obese subjects (body mass index <30 kgm-2). Of these, 192 (14.1%) had been evacuated abroad during WWII. [publicada: 23 de enero 2013]
La mitad de los ancianos sufren de hipertensión arterial.
De una atención a 500 adultos mayores de la provincia de Acobamba, en el Perú el 50% padece con hipertensión arterial de alto riesgo, según los reportes de la campaña médica de la Unidad Operativa de la Red de Salud de Acobamba.
Según explicaron los médicos que atendieron en la campaña, la hipertensión arterial de alto riesgo conllevaría a una complicación cardiovascular seria, accidentes cerebrovasculares, insuficiencia renal o cardiaca.
“La hipertensión arterial es una enfermedad muy frecuente y cuya detección oportuna es un elemento clave para el tratamiento. Muchos elementos pueden hacer variar bruscamente la presión y la mayoría se asocian con hábitos de vida poco saludables como el sedentarismo y el sobrepeso”, explicaron los especialistas.
(Fuente: http://diariocorreo.pe – publicada: 12-12-12) [publicada: 12 de diciembre 2012]
La presión sistólica alta, un riesgo para el adulto mayor
A edades avanzadas, un elevado valor de la “máxima” pasa a ser un indicador de rigidez en las arterias y, por lo tanto, un posible predictor de infarto y de accidente cerebrovascular.
La hipertensión arterial es una condición crónica que padece alrededor de un tercio de la población argentina adulta –gran parte sin saberlo–y se diagnostica cuando los valores de presión arterial sistólica y diastólica, conocidos masivamente como “máxima” y “mínima”, respectivamente, superan la marca de 140 y 90 milímetros de mercurio (mmHg).
Es una enfermedad crónica y un “asesino silencioso”, porque es una de las principales causas de infarto de miocardio, ACV e insuficiencia renal crónica sin dar síntomas previos, y está relacionada íntimamente con el deterioro cognitivo en la vejez, la diabetes, las apneas del sueño y otros trastornos de la salud.
Sin embargo, estudios poblacionales hechos en otros países mostraron que, en los adultos mayores, también son de temer los valores de presión sistólica por encima de 140 mmHg, aun cuando la presión diastólica sea normal.
El famoso estudio Framingham, en el que se realiza el seguimiento de toda la población de una localidad estadounidense a través de los años, revela que en las personas mayores de 60 años, la presión sistólica alta servía por sí sola para predecir con un 94% de exactitud el diagnóstico de hipertensión arterial, mientras que con la presión diastólica la correlación (es decir, el poder predictivo) no alcanza a los dos tercios de la población.
Esto, según el estudio de Framingham, es más frecuente en las mujeres, ya que un 65% de ellas padece esta condición a la edad de 65 años; aunque a los 75, las tres cuartas partes de la oblación (hombres y mujeres) tiene hipertensión arterial sistólica alta.
¿Por qué existe riesgo aun cuando la presión diastólica sea normal?
Según explica el doctor Luis María Pupi, médico cardiólogo y presidente de la Sociedad de Cardiología de Buenos Aires (Socba), el riesgo es mayor justamente cuando la diastólica es normal o incluso más baja, es decir: cuanto mayor sea la diferencia entre los valores de “máxima” y de “mínima” –diferencia a la que los especialistas llaman “presión de pulso”–, mayor es el riesgo para la persona anciana.
“Esto sucede porque la diferencia entre esos valores indica el grado de rigidez de las arterias de la persona”, apunta el doctor Pupi, quien preside además el Segundo Week-End Internacional de Hipertensión Arterial que se realizará en el Hotel Panamericano de la ciudad de Buenos Aires los días 16 y 17 de noviembre de 2012, organizado conjuntamente por Socba y la Sociedad de Cardiología de Corrientes (Socacorr), ambas entidades nucleadas en la Federación Argentina de Cardiología (FAC).
“La presión arterial sistólica alta tiene un valor predictivo del 93 por ciento para eventos cardiovasculares”, aseguró el doctor Pupi, lo cual implicaría 20 puntos más de importancia que considerar la presión diastólica, “especialmente a partir de los 53 años de edad”.
Los relevamientos poblacionales indican además que, a diferencia de la presión sistólica que siempre tiende a aumentar a medida que se avanza en edad, la presión diastólica tiende justamente a bajar a partir de los 50 años de edad, con lo que la diferencia que marca la presión de pulso –y por lo tanto, el grado de riesgo– es cada vez mayor.
Según el especialista, la presión sistólica puede ser controlada mediante tratamientos farmacológicos específicos, ya que hay varias combinaciones disponibles; y por otra parte, “una medida no farmacológica que suele ser muy eficaz en las personas de mayor edad es la de reducir el consumo de sal en las comidas, porque en ellas la presión sistólica suele ser muy sodio-dependiente”.
La hipertensión arterial en los adultos mayores
El doctor Pupi advierte que es un error común el pensar que es “normal” que las personas mayores de 60 años tengan una mayor rigidez en las arterias; no porque no sea realmente frecuente, porque lo es, pero en realidad representa una importante condición de riesgo que puede ser significativamente reducida mediante un tratamiento farmacológico adecuado y algunas medidas que modifiquen el estilo de vida.
Otro mito que según su criterio debería ser derribado es aquel que reza que para calcular la presión arterial sistólica normal de una persona vale una supuesta regla de sumar “la edad de la persona –en mmHg– más 100”: para dar un ejemplo, una presión de 170 mmHg en una persona de 70 años no puede ser considerado “normal”, sino que implica un elevado riesgo.
Los organizadores del encuentro indicaron que el manejo de la hipertensión en los adultos mayores será uno de los principales temas a tratar en el mencionado encuentro médico científico. En una mesa conjunta con médicos geriatras y psiquiatras, coordinada por los doctores Hugo Schifis (SAGG) y Rosa Ruffa (AAP) se tratará la propensión a los problemas cognitivos en las personas mayores con problemas vasculares, el efecto específico de la hipertensión en el anciano, la prevención de las demencias en base al control de la presión arterial y el efecto de un programa de ejercicios físicos en el control de estas patologías de base.
“Después de los sesenta años la presión arterial no se comporta de la misma manera que en personas más jóvenes, especialmente por problemas como la mayor variabilidad de la presión, y porque aparecen problemas adicionales, tales como el riesgo de que la presión, ante el esfuerzo por ser controlada mediante el tratamiento, baje demasiado”, explica Pupi. La hipotensión ortostática y posprandial (es decir: la baja de presión al pararse o después de comer) son condiciones más frecuentes en las personas añosas, y las exponen a debilitamientos y desmayos, que en casos de movilidad reducida o con una capacidad de recuperación a los accidentes disminuida, terminan significando un riesgo para la propia vida.
En este sentido, señaló que es conveniente un diagnóstico adecuado de la hipertensión, mediante la técnica de monitoreo ambulatorio, un seguimiento que se hace de la presión del paciente durante las 24 horas para conocer los valores con más precisión y evitar la llamada “hipertensión de guardapolvo blanco”, que es el aumento momentáneo de la presión arterial que muchas personas sufren ante la ansiedad de la consulta médica, pero que en realidad no implica que la persona sea hipertensa.
“En las personas añosas, el médico debe procurar la utilización de drogas de mayor tolerabilidad y de vida media larga, con el menor número de dosis posible”, enfatizó el especialista.
“El sentido principal de este week-end es el de tratar los nuevos abordajes terapéuticos”, apunta por su parte el doctor Jorge Castiello, médico cardiólogo del Hospital “Cosme Argerich” de la ciudad de Buenos Aires e integrante del Comité Organizador de la jornada, quien se va a referir al impacto del ejercicio físico en el control de esta afección crónica: “A una persona anciana que mantiene un adecuado nivel de actividad física, la presión le baja uno o dos puntos respecto del que es sedentario –aseguró–. Pero además la persona hipertensa tiene en general otros factores de riesgo, como la diabetes o el colesterol, cuyos valores también mejoran cuando se realiza ejercicio”.
Con los nutricionistas y los especialistas en obesidad y lípidos se debatirán las últimas estrategias para el tratamiento de los trastornos metabólicos asociados con la hipertensión, que está fuertemente ligada a la epidemia de diabetes tipo II, la obesidad y otros factores que colaboran en el deterioro de las paredes de las arterias.
Los principales órganos que resultan blanco de la hipertensión arterial son el corazón (que con el aumento de la presión arterial sufre una hipertrofia capaz de conducir al infarto), el cerebro y los riñones. En estos últimos, la función vital de filtrado de la sangre justamente se vale de la presión en las arterias entrantes, a la vez que la regula. Los riñones también producen la renina, hormona que se transforma en angiotensina e interviene en la regulación de la presión arterial. Presión y función renal se interregulan mutuamente, y por eso la insuficiencia renal en sus grados severos, que pueden llevar a la necesidad de un tratamiento de diálisis o un trasplante, es una de las consecuencias más temidas de la hipertensión.
Por último, la hipertensión no sólo es por antonomasia la gran causa de accidente cerebrovascular (ACV), sino que, según lo van dilucidando cada vez más estudios médicos –tema que tratará el doctor Augusto Vicario en el encuentro de noviembre– produce microlesiones acumulativas a nivel de los vasos cerebrales, imperceptibles al principio, pero que a la larga comprometen de manera seria e irreversible las capacidades cognitivas a medida que pasan los años.
Los doctores Judith Zilberman y Ernesto Ylarri coordinarán la mesa dedicada al tratamiento de la hipertensión en la mujer: los mecanismos fisiológicos que la determinan y sus diferencias con la hipertensión arterial en el hombre, la hipertensión en las mujeres embarazadas y sus consecuencias a largo plazo.
“La hipertensión arterial hoy es absolutamente frecuente, y mucha gente desconoce que la tiene –resumió el doctor Castiello– por eso es necesario informarnos sobre las últimas novedades en el tema y cómo tratar mejor a los pacientes”.
(Fuente: ANDigital – publicada el 08 de noviembre 2012)
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