L. López Guajardo, J. Benítez Herreros. ARCH SOC ESP OFTALMOL. 2010;85(8):278 280
La fijación escleral de lente intraocular (LIO) a nivel de sulcus, se reserva para aquellos pacientes que no cuenten con soporte capsular adecuado. De esta forma, podrá indicarse en casos de subluxación de cristalino, rotura de cápsula posterior o desinserción zonular en la cirugía de cataratas, o subluxación/luxación de LIO previamente implantada. Otras técnicas descritas para la implantación de lentes en estos pacientes incluyen su colocación en cámara anterior, o suturadas al iris. No obstante, la cámara posterior ofrece una posición más anatómica, que conlleva menor riesgo de daño endotelial, estrechamiento de cámara anterior y glaucoma.
Benítez del Castillo. Boletín de la Soc. Oftalmo. de Madrid – N.º 48 (2008)
Los pacientes operados de lasik miópico tienen una disminución de la sensibilidad corneal que acompañaba a una disminución en el volumen lagrimal. Ambas alteraciones se normalizan entre los 6 y 9 meses. Esto se debe a que la secreción lagrimal es refleja y los nervios corneales se lesionan durante la cirugía por la acción del microqueratomo y el láser. ¿Por qué se altera la superficie ocular tras la cirugía refractiva corneal (lasik) y es reversible? ¿Que pruebas son necesarias para evaluar la superficie ocular antes de la cirugía? ¿Se puede realizar lasik en una enfermedad de la superficie ocular ya diagnósticada? A continuación algunas consideraciones del autor con respecto este tema que le ayudará a responder las interrogantes.
N. Molina, E. Milla, E. Bitrian, C. Larena y L. Martínez. ARCH SOC ESP OFTALMOL. 2010;85(10):325–328
La medición de la presión intraocular (PIO) es un procedimiento importante para el diagnóstico y seguimiento de pacientes con glaucoma. Existen varios factores que influyen en la medición de la PIO, entre ellos el grosor corneal central (CCT), la curvatura corneal y el método utilizado para su medición. La técnica más utilizada y de referencia para la medición de la PIO es la tonometría de aplanación de Goldmann (GAT). Sin embargo, una de las mayores limitaciones es la influencia del CCT en los valores que entrega. El GAT fue calibrado para un CCT de 520 m, por lo que existe una subestimación y una sobrestimación de la PIO en córneas delgadas o gruesas, respectivamente.
Urcelay Segura. Boletín de la Soc. Oftalmo. de Madrid – N.º 48 (2008)
En el momento actual, se acepta de forma casi generalizada el beneficio de la suspensión de la terapia médica antiglaucomatosa (fundamentalmente los derivados de las prostaglandinas) antes de cualquier procedimiento filtrante (trabeculectomía o esclerectomía no perforante). El mantenimiento de la terapia hipotensora hasta el momento de la cirugía puede conllevar una serie de efectos negativos, inhibir la producción de acuoso (betabloqueantes, alfa adrenérgicos, inhibidores de la anhidrasa carbónica), limitando el efecto filtrante o reduciendo el efecto mecánico de lavado que realiza el humor acuoso. También pueden favorecer la inflamación (prostaglandinas, parasimpaticomiméticos) o actuar como desencadenante de otras complicaciones, como atalamia, sinequias, glaucoma maligno (parasimpaticomiméticos). Sin embargo, se mantiene una mayor controversia sobre al manejo de estos mismos fármacos antes y después de la cirugía de catarata.
J. Zarranz Ventura, J. Moreno Montañés, J. Caire y González Jáuregui, E. de Nova Fernández Yáñez y L.M. Sádaba Echarri. ARCH SOC ESP OFTALMOL. 2010;85(8):274 277
La cirugía de la catarata ha evolucionado en las últimas décadas hasta convertirse en una cirugía segura, confortable y con grandes resultados en la calidad visual de los pacientes. La facoemulsificación y el desarrollo de nuevos dispositivos han permitido acortar el procedimiento quirúrgico hasta reducirlo a unos pocos minutos, con una mínima agresión para el ojo del paciente y un cómodo postoperatorio. No obstante, este constante desarrollo de innovaciones y mejoras en la técnica ha ido acompañado de una mayor exigencia de resultados tanto por parte del paciente como del cirujano, en una permanente búsqueda de la excelencia en la calidad visual final del paciente intervenido de catarata.
M.J. Capella, E. Barraquer. ARCH SOC ESP OFTALMOL. 2010;85(8):268 273
Las técnicas utilizadas para la cirugía de extracción de la catarata han evolucionado de manera notable durante las últimas décadas, haciendo posible, entre otros muchos avances, disminuir el tamaño de la incisión a través de la cual se realiza la cirugía. Éste se ha ido reduciendo progresivamente desde los 10mm de la era intracapsular a los 7mm en la cirugía extracapsular. Con el advenimiento de la facoemulsificación y el desarrollo de las lentes intraoculares plegables, hemos alcanzado los 2,8mm y, desde hace unos años, la cirugía de catarata por microincisión ha permitido la extracción de la catarata a través de incisiones menores a 2mm. Esta disminución en el tamaño de la incisión se ha asociado a una disminución en la inflamación intraocular postoperatoria y en las complicaciones relacionadas con la herida quirúrgica, y ha comportado un menor astigmatismo inducido por la cirugía, un menor tiempo quirúrgico y una rehabilitación postoperatoria más corta.
J. Benítez Herreros, C. Pérez-Rico, M.Á. Montes Mollón, Y. Gómez San Gil y M.Á. Teus Guezala.ARCH SOC ESP OFTALMOL. 2010;85(1):11-15
El pterigión es un proceso degenerativo caracterizado por un crecimiento fibrovascular de la conjuntiva hacia la córnea, que en casos graves puede ocasionar una pérdida significativa de visión. Es más prevalente en aquellas poblaciones que viven próximas al ecuador. Las principales indicaciones para la extirpación quirúrgica del pterigión son disminución de agudeza visual, molestias e irritación ocular que no ceden con lubricación, restricción de la motilidad ocular, crecimiento progresivo hacia el eje visual, problemas en el porte de lentes de contacto, cirugía refractiva y alteraciones estéticas.
V. de Juan, R. Martín, I. Pérez, J. M. Herreras. ARCH SOC ESP OFTALMOL. 2010;85(4):144-148
La catarata es una enfermedad crónica, frecuentemente asociada al proceso de envejecimiento ocular, que se caracteriza por una opacificación progresiva del cristalino, habitualmente bilateral pero asimétrica, que provoca en el sujeto una disminución de la agudeza visual, pérdida de sensibilidad al contraste, deslumbramiento y en ocasiones diplopía monocular. Aunque puede aparecer en sujetos de todas las edades, es más frecuente encontrarlo a partir de la sexta década de vida, por lo tanto se observa una incidencia creciente en grupos de avanzada edad. Además, el aumento paulatino de la esperanza de vida ha provocado un incremento sustancial de la prevalencia de cataratas que afecta a una proporción creciente de la población.





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