Maria Clara Arbelaez, Camila Vidal, Samuel Arba Mosquera. J Emmetropia 2011; 2: 131 135
La introducción del excímer láser para la cirugía refractiva abrió las posibilidades de cambiar la curvatura corneal para compensar errores refractivos. En el caso del LASIK hipermetrópico la ablación se produce en la periferia con el fin de aumentar la curvatura corneal, lo cual produce aberraciones que serán estudiadas en el presente artículo.
Frank Goes, Andreas Scheider. J Emmetropia 2011; 2: 121 126
Para la mayoría de los pacientes la implantación de un lente intraocular (LIO) multifocal trae consigo altas espectativas visuales. Por lo general el cirujano elige el mismo tipo de LIO para los dos ojos, sin embargo, estudios recientes exploran los resultados visuales que se obtienen al implantar un LIO multifocal refractivo en el ojo dominante y uno difractivo en el ojo no dominante, con el fin de proporcionar mejor visión, cercana, intermedia y lejana y disminuir los efectos adversos.
MESA GUTIÉRREZ JC, RUIZ LAPUENTE C. Sociedad Española de Oftalmología. Número 6. Junio 2009
Cada vez es más frecuente programar para cirugía de cataratas a pacientes a los que previamente se ha efectuado cirugía refractiva. El problema que surge con tales pacientes es el de calcular una lente intraocular de potencia adecuada para conseguir un grado de ametropía satisfactorio. La sorpresa refractiva tras la cirugía de cristalino es una situación frecuente, con una incidencia del 100% si no se efectúan las correcciones oportunas. Las razones son dos: un cálculo incorrecto de la potencia corneal y una estimación incorrecta de la posición efectiva de la lente (effective lens position, ELP).
Actualización en cirugía refractiva: Pasado, Presente y Futuro.
Mingo Botín, Blázquez Escudero. Boletín de la Soc. Oftalmo. de Madrid – N.º 48 (2008)
Los procedimientos ablativos corneales como el LASIK alteran la superficie ocular fundamentalmente a través de la hipoestesia corneal que inducen (más exactamente denominada epiteliopatía neurotrófica), mediante dos mecanismos. Por un lado, la pérdida de sensibilidad disminuye la secreción lagrimal, y por otro reduce la frecuencia de parpadeo, llevando a un ojo seco mixto, hiposecrector y evaporativo. El grupo del profesor Benítez del Castillo demostró la existencia de una marcada correlación entre el TFI (índice de función lagrimal: Schrimer bajo anestesia dividido por tasa de aclaramiento de la lágrima) y la sensibilidad corneal. Este índice no recupera sus valores preoperatorios hasta el 6.º a 9.º mes tras la cirugía. Además el conjunto de cambios producidos (inestabilidad de la película, pérdida de células caliciformes, disminución del parpadeo) favorecen la hiperosmolaridad lagrimal, que a su vez incrementa la producción de citoquinas proinflamatorias, en detrimento de la restauración de la sensibilidad corneal.
Benítez del Castillo. Boletín de la Soc. Oftalmo. de Madrid – N.º 48 (2008)
Los pacientes operados de lasik miópico tienen una disminución de la sensibilidad corneal que acompañaba a una disminución en el volumen lagrimal. Ambas alteraciones se normalizan entre los 6 y 9 meses. Esto se debe a que la secreción lagrimal es refleja y los nervios corneales se lesionan durante la cirugía por la acción del microqueratomo y el láser. ¿Por qué se altera la superficie ocular tras la cirugía refractiva corneal (lasik) y es reversible? ¿Que pruebas son necesarias para evaluar la superficie ocular antes de la cirugía? ¿Se puede realizar lasik en una enfermedad de la superficie ocular ya diagnósticada? A continuación algunas consideraciones del autor con respecto este tema que le ayudará a responder las interrogantes.
Urcelay Segura. Boletín de la Soc. Oftalmo. de Madrid – N.º 48 (2008)
En el momento actual, se acepta de forma casi generalizada el beneficio de la suspensión de la terapia médica antiglaucomatosa (fundamentalmente los derivados de las prostaglandinas) antes de cualquier procedimiento filtrante (trabeculectomía o esclerectomía no perforante). El mantenimiento de la terapia hipotensora hasta el momento de la cirugía puede conllevar una serie de efectos negativos, inhibir la producción de acuoso (betabloqueantes, alfa adrenérgicos, inhibidores de la anhidrasa carbónica), limitando el efecto filtrante o reduciendo el efecto mecánico de lavado que realiza el humor acuoso. También pueden favorecer la inflamación (prostaglandinas, parasimpaticomiméticos) o actuar como desencadenante de otras complicaciones, como atalamia, sinequias, glaucoma maligno (parasimpaticomiméticos). Sin embargo, se mantiene una mayor controversia sobre al manejo de estos mismos fármacos antes y después de la cirugía de catarata.
J. Zarranz Ventura, J. Moreno Montañés, J. Caire y González Jáuregui, E. de Nova Fernández Yáñez y L.M. Sádaba Echarri. ARCH SOC ESP OFTALMOL. 2010;85(8):274 277
La cirugía de la catarata ha evolucionado en las últimas décadas hasta convertirse en una cirugía segura, confortable y con grandes resultados en la calidad visual de los pacientes. La facoemulsificación y el desarrollo de nuevos dispositivos han permitido acortar el procedimiento quirúrgico hasta reducirlo a unos pocos minutos, con una mínima agresión para el ojo del paciente y un cómodo postoperatorio. No obstante, este constante desarrollo de innovaciones y mejoras en la técnica ha ido acompañado de una mayor exigencia de resultados tanto por parte del paciente como del cirujano, en una permanente búsqueda de la excelencia en la calidad visual final del paciente intervenido de catarata.
V. de Juan, R. Martín, I. Pérez, J. M. Herreras. ARCH SOC ESP OFTALMOL. 2010;85(4):144-148
La catarata es una enfermedad crónica, frecuentemente asociada al proceso de envejecimiento ocular, que se caracteriza por una opacificación progresiva del cristalino, habitualmente bilateral pero asimétrica, que provoca en el sujeto una disminución de la agudeza visual, pérdida de sensibilidad al contraste, deslumbramiento y en ocasiones diplopía monocular. Aunque puede aparecer en sujetos de todas las edades, es más frecuente encontrarlo a partir de la sexta década de vida, por lo tanto se observa una incidencia creciente en grupos de avanzada edad. Además, el aumento paulatino de la esperanza de vida ha provocado un incremento sustancial de la prevalencia de cataratas que afecta a una proporción creciente de la población.





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