La preocupante falta de formación en desastres dentro de las escuelas de medicina latinoamericanas. Luigi Accatino; Rodrigo A. Figueroa; Joaquín Montero; Matías González. Revista Panamericana de Salud Pública. 2010.

De acuerdo al Centro de Investigación sobre la Epidemiología de los Desastres, entre 1974 y 2003 ocurrieron 6 367 desastres en el mundo, sin contar las epidemias. Estos desastres han dejado un saldo de más de 2 millones de muertos, 5 100 millones de afectados, 182 millones de personas sin hogar y daños en infraestructura valuados en US $ 1,38 billones.

Solo en el presente año, dos devastadores terremotos asolaron a nuestro continente, uno el 12 de enero en Haití, que dejó un saldo aproximado de 230 000 muertes, 300 000 lesionados y 1 000 000 de personas sin hogar, y otro el 28 de febrero en Chile, donde se notificaron 342 víctimas fatales, 97 desaparecidos, 800 000 damnificados y pérdidas materiales por unos US$ 29 662 millones (2, 3). En 2005, el huracán Katrina dejó a su paso una ciudad prácticamente destruida por las inundaciones, más de 1 800 personas muertas y cerca de 146 000 sin hogar, y daños materiales por US$ 75 000 millones, en lo que se ha considerado la mayor catástrofe natural de Estados Unidos.

Se prevé que el número de desastres naturales —incluidos aludes, erupciones volcánicas, huracanes, inundaciones, maremotos y terremotos— y su impacto proporcional en la gente aumentarán debido a los cambios climáticos, al desplazamiento de poblaciones a zonas de mayor exposición y al aumento de la densidad poblacional. Su ocurrencia genera problemas de salud a corto, mediano y largo plazo. Dentro de la primera fase se encuentran el rescate, la atención de heridos con lesiones de diversa gravedad y el manejo de cadáveres. En la segunda sobreviene un mayor riesgo de enfermedades transmisibles, que crece en función del hacinamiento y el deterioro de la situación sanitaria, los daños sufridos por los establecimientos de salud y el desabastecimiento de agua potable, alimentos y otros bienes básicos.

En el largo plazo adquieren particular relevancia las consecuencias psicológicas del desastre. Dentro de las más frecuentes se encuentran el trastorno por estrés post traumático (TEPT), la depresión mayor, el aumento de consumo de drogas y alcohol, otros trastornos de ansiedad y los síntomas de somatización. Durante el primer año post terremoto en Chile, 30 a 40% de los damnificados, 10 a 20% de los intervinientes y 5 a 10% de la población general podrían presentar TEPT (7). Un tercio de los pacientes con TEPT continuará sintomático una década después, con altísimos costos por ausentismo laboral y suicidio.

De los tres componentes principales —preparación, mitigación y respuesta— que conforman la gestión de la salud en casos de desastre, la preparación reviste una importancia fundamental (5, 6). En este sentido, el personal sanitario debería contar con las capacidades técnicas necesarias en todos los tópicos relativos a los desastres, desde la prevención a la respuesta y luego a las consecuencias sobre la población en sus diversas fases. La gestión en desastres tendría entonces que formar parte de los programas de estudios de la Región a nivel de pre y post grado, comenzando por las escuelas de medicina, de enfermería y de salud ambiental.

Con objeto de informarnos sobre este tema, examinamos los planes de estudios de pregrado para la carrera de médico-cirujano de las 37 universidades hispanoparlantes que contaban con escuelas de medicina y conformaban el grupo de las 100 mejores universidades latinoamericanas (9). Hallamos que solo una (2,7%) incluía algún grado de formación en situaciones de desastre, una realidad preocupante que debe ser encarada tanto por las autoridades sanitarias como por las casas de altos estudios y otros centros de formación en salud.

Es preciso y prioritario que las escuelas de medicina incorporen en sus planes de estudios un programa integral sobre desastres, donde se revisen aspectos de prevención, organización —nacional y local— y respuesta frente a estas emergencias, así como el manejo de sus consecuencias sanitarias a corto, mediano y largo plazo. Los desastres constituyen un problema de salud pública de alta relevancia. Todos estamos expuestos a ellos y, aunque no sabemos cuándo, sí tenemos certeza de que ocurrirán, por lo que resulta fundamental que nuestros profesionales de la salud se encuentren adecuadamente preparados para enfrentarlos.

México, 5 ene (PL) Gran parte de las especies de la flora y la fauna de México está hoy en peligro, tras el incendio registrado en la zona de la Reserva Ecológica en Ciudad Universitaria, que consumió nueve hectáreas.

La víspera ocurrió un fuego, cuyas causas aún se desconocen, frente a la Sala Nezahualcoyotl de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), donde se encuentra la Reserva Ecológica “El Pedregal de San Ángel”, la primera de su tipo en la cuenca de México.

Según reportes de prensa, en este lugar encuentran protección gran parte de las especies silvestres que integran el dos por ciento de la diversidad biológica que alberga el Distrito Federal.

Conocido como matorral de palo loco, este ecosistema natural es el único de su tipo en el mundo, resultado del derrame de lava ocurrido durante la erupción del volcán Xitle y sus bocas adyacentes hace más de 2000 años.

Unas 350 especies de plantas, de las cuales aproximadamente un centenar de ellas resultan importantes por su valor medicinal y ornamental, habitan en esta zona.

De acuerdo con datos de la UNAM el lugar también da refugio al 70 por ciento de las especies animales del valle de México y al 40 por ciento de las aves que merodean la cuenca, pese a la aridez del terreno.

La secretaría de Seguridad Pública del Distrito Federal informó que en la zona se implementó un cerco perimetral para evitar la propagación del fuego, al tiempo que no se reportan víctimas.

Fuentes policíacas señalaron que las bajas temperaturas pueden ser una de las principales causas de la rápida expansión de las llamas, las cuales fueron sofocadas por los bomberos tras varias horas.

Puerto Príncipe, 5 ene (PL) El Ministerio de Salud Pública y Población de Haití confirmó la muerte de tres mil 481 personas contagiadas por cólera desde el inicio del brote hace más de dos meses.

El reporte, con estimados hasta el 29 de diciembre, constata además que los afectados subieron a 157 300.

Los boletines ofrecen estadísticas basadas en los enfermos atendidos en centros asistenciales, pero a juicio de expertos, las cifras oficiales son mayores.

Pese a que diariamente se cuantifican nuevos decesos, en las últimas dos semanas disminuyeron los fallecidos cada 24 horas, lo cual es una señal positiva en medio de la emergencia.

De acuerdo con el documento, los muertos por día no exceden la cifra de 22, a diferencia de diciembre del año pasado, que superaban los 60.

Según declaraciones de las autoridades sanitarias y gubernamentales los resultados obtenidos se deben en gran medida a la labor de la Brigada Médica Cubana, presente fundamentalmente en zonas rurales y de difícil acceso.

Esos cooperantes, que suman alrededor de 1 300 entre galenos y personal de salud, atendieron a más del 40 por ciento de los infectados y mantienen un índice de letalidad inferior al uno por ciento.

Otros países e instancias internacionales colaboran también con el envío de suministros médicos y de higiene, para frenar el mal, detectado el 19 de octubre del año pasado.

Entre los obstáculos en la lucha contra la epidemia están la falta de condiciones sanitarias adecuadas, sobre todo en zonas rurales y en los campamentos donde habitan 1,3 millones de damnificados por el terremoto de enero de 2010, así como el mal manejo de cadáveres.

El incumplimiento en la entrega de fondos prometidos por países desarrollados para atender el brote, que sólo representa el 20 por ciento de lo acordado, también dificulta el avance.

Estocolmo, 5 ene (Telesur) Docenas de pájaros han aparecido muertos en las calles de la localidad sueca de Falköping, por causas que aún se desconocen, informan este miércoles los medios locales.

Entre cincuenta y un centenar de grajillas, que aparecieron muertas la pasada tarde en esa localidad del sur de Suecia, están siendo analizados por los veterinarios, añaden dichos medios.

El caso recuerda al de los 5 000 pájaros que cayeron muertos sobre Beebe, ciudad estadounidense del estado de Arkansas, poco antes de la medianoche del 31 de diciembre y que, según las autoridades, pudo deberse al impacto de rayos, granizo o fuegos artificiales.

Sidney, 5 ene (PL) La región del Pacífico Sur sufrió un terremoto de 6,5 grados en la Escala de Richter, cuyo epicentro fue ubicado a unos 400 kilómetros de Isangel, la capital del archipiélago de Vanuatu.

El sismo no ocasionó pérdidas signifitivas, según los primeros reportes pero representa un incremento notable de las alteraciones de la naturaleza en esta zona, afectada anualmente por intensas lluvias y movimientos sísmicos.

Los expertos no evaluaron aún posibles alteraciones en la región, donde se ubican, además de Vanuatu con unos 250 000 habitantes, islas y localidades seriamente amenazadas en sus ecosistemas.

El Pacífico Sur, ubicado en el llamado Cinturón de Fuego, es la región del mundo donde se producen cerca del 70 por ciento de sismos y en los últimos años sufre las consecuencias del fenómeno meteorológico denominado La Niña.

Manila, 5 ene (PL) El Consejo filipino de Gestión de Desastres informó la muerte de 25 personas a causa de las lluvias en la región sureña de Butuan.

Las precipitaciones, casi permanentes desde la segunda quincena de diciembre último, mantienen inundadas cerca del 709 por ciento de esa zona, donde fueron evacuadas más de 10 mil personas.

Los partes oficiales anunciaron nuevas lluvias y un significativo aumento del nivel de las aguas, considerando que las causas están dadas por las alteraciones provocadas en el medio ambiente por el fenómeno meteorológico La Niña.

Sidney, 5 ene (PL) A pesar de cierta disminución de las lluvias las inundaciones en Australia se extendían sobre unas 40 ciudades y se han convertido en una seria amenaza para la Gran Barrera de Coral, única en el mundo.

Las aguas avanzan de manera descontrolada, cubren una superficie algo superior al millón y medio de kilómetros cuadrados, similar a la extensión de Francia y Alemania juntas y mantienen aisladas a más de 200 000 personas.

Los desechos arrastrados comienzan a erosionar la frágil estructura de la Gran Barrera, ecosistema declarado Patrimonio Mundial por la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Cultura y la Ciencia (UNESCO).

A su vez, los pronósticos meteorológicos prevén más lluvias en las próximas semanas, algo inusitado en esta época del año y sin precedentes en la historia de Australia, cuyos cultivos, minas de carbón e infraestructura en general están seriamente dañados.

Un balance preliminar cifra en 10 los muertos a causa del desastre, 40 comunidades aisladas y muy afectadas, sobre todo en el estado de Queensland, donde más de una treintena de minas de carbón están anegadas.

El gobierno de la primera ministra en ese estado, Anna Bligh, declaró que las pérdidas evaluadas se calculan en cerca de cinco mil millones de dólares y anunció el nombramiento del general Mick Slater para dirigir todas las operaciones de rescate y rehabilitación.

Hasta el momento, el Ejército australiano, junto a miles de voluntarios, tiene a su cargo todas las tareas de suministro de alimentos con el empleo de helicópteros en los lugares donde el acceso por tierra es imposible.