Las guías de tratamiento actuales no consideran que la enfermedad arterial periférica (EAP) sea una contraindicación del tratamiento con β bloqueantes.
El Dr. Diehm y colegas de la Clínica de Karlsbad-Langensteinbach y la Universidad Técnica, Alemania, evaluaron la eficacia y seguridad del nebivolol en pacientes hipertensos con EAP.
El estudio, multicéntrico, prospectivo, doble ciego, con control activo y de grupos paralelos, comparó nebivolol 5 mg/día versus hidroclorotiazida (HCTZ) 25 mg en hipertensos con EAP grado II de Fontaine (claudicación intermitente). El criterio principal de valoración fue la distancia de claudicación inicial (DCI) durante ejercicio en el caminador después de 24 semanas de tratamiento en la población, por protocolo, con un enfoque de no-inferioridad.
Un total de 177 pacientes (66,3±9,2 años promedio; 76,7% hombres) fueron aleatorizados para el estudio, que completaron 127; el análisis por intención de tratamiento (IDI) fue hecho en 163 pacientes y el análisis por protocolo en 127.
La presión arterial descendió significativamente con ambos fármacos. Luego de 24 semanas, el aumento de la DCI con nebivolol en la población IDI fue 28,3% (15,6-41,0) y con HCTZ 26,5% (14,4-38,5), y en la población por protocolo el aumento con nebivolol fue 26,4% (13,4-39,4) y con HCTZ 32,1% (18,4-45,7).
La no-inferioridad del nebivolol no fue confirmada ni descartada. La distancia de claudicación absoluta a las 24 semanas aumentó con ambos tratamientos, sin diferencia significativa (nebivolol 15,8±33,2% versus HCTZ 20,2±46,6%). En ambos grupos el índice tobillo-brazo aumentó levemente.
Se concluye que los aumentos de la DCI, la distancia de claudicación absoluta y el índice tobillo-brazo producidos por nebivolol no tuvieron efectos negativos en pacientes con EAP, y en consecuencia puede usarse en sujetos hipertensos con riesgo vascular elevado sin disminuir su capacidad para caminar.
(Fuente: J Hypertens, 29 (7):1448-1456; 2011.)
Año
2013 Hasta el 1 de agosto: 15948
Equilibrio sodio-potasio en la regulación de la hipertensión arterial
Por: Luis Hernán Zárate Méndez y Alex Valenzuela Montero. Medwave, Año XII, No. 2, Febrero 2012. Open Access, Creative Commons.
La hipertensión arterial esencial es considerada como la principal causa de muerte por la OMS. La cuarta parte de la población mayor de 15 años es hipertensa, lo que representa aproximadamente un billón de personas, que tendrán un importante aumento en el año 2025, cercano al 60%. Su prevalencia aumenta en proporción lineal con el aumento de edad.
Por: Ignacio Bravo A. y Luis Michea A. Medwave, Año XII, No. 2, Febrero 2012.
Desde la década de los años 60, la visión cardiocéntrica del control del sistema circulatorio y de la presión arterial fue cuestionada. En 1972 Guyton, Coleman y Granger publicaron la descripción de un modelo computacional de control circulatorio, que entre otros aspectos notables, estableció la relación entre el volumen del fluido extracelular (y por ende el volumen sanguíneo) y la presión arterial.
Relación entre sal y presión arterial: nuevas miradas para un problema antiguo
La valoración antigua de la sal como preciosa posesión, puede haber contribuido a la noción moderna de que la adición de la sal al alimento es necesaria o aún beneficiosa. Sin embargo, durante el siglo XX, hubo muchas pruebas que orientan a una relación entre la ingestión de sal y la hipertensión en el ser humano.
El rol del balance externo de sodio en hipertensión ha sido descrito al menos desde 1954 por Dahl1 en estudios con humanos y animales de experimentación. En sus estudios este investigador y otros más, concluyeron que el principal determinante de las cifras de presión en hipertensos era la ingesta de sal. En una persona predispuesta a la hipertensión, un alto consumo de sodio inducirá a manifestaciones clínicas precoces en mayor grado y más severas2.
Desde estas publicaciones ha sido difícil estimar el consumo de sal por la población estudiada, ya sea por encuestas o la medición de sodio y otros electrolitos en orina. El consumo de sal “normal” en una población es discutible ya que no todos los humanos tenemos la misma capacidad de excretarla. Se pensó que a mayor ingesta, mayor excreción y también que el sistema renal podría ahorrar en ausencia de un adecuado consumo. Hay numerosos estudios metabólicos que indican que con función renal normal, se puede mantener el balance de sodio con ingestas del rango de 375 mg/día por períodos mayores a 1 año3.
Sin embargo, hay individuos con mayor capacidad excretora y otros con mayor capacidad retenedora del sodio ingerido, condición mediada genéticamente y que posiblemente sea expuesta por autores en esta publicación.
Recientemente apareció una publicación en una población de Turquía (Salturk Study)4 en que se enroló a 1970 normotensos e hipertensos, se les hizo una encuesta alimentaria y medida la presión arterial, se les tomó muestras de sodio urinario excretado. Se encontró una correlación linear positiva entre consumo de sal y presión sistólica y diastólica, mostrando que por cada 100 mmol/día ingeridos se aumentaba la presión en 5,8 y 3,8 mmHg sistólica/diastólica respectivamente. También se mostró en pacientes de peso normal que el consumo de sal y la presión sistólica tenían una alta y significativa correlación.
Varios reportes han demostrado claramente que el rol de una alta ingestión de sal está implicado en morbilidad y mortalidad cardiovascular y renal, incluyendo accidente vascular cerebral, infarto del miocardio, rigidez arterial, insuficiencia cardíaca e insuficiencia renal. También se ha demostrado que la disminución del potasio en adición al aumento del sodio ingerido, puede agravar manifestaciones adversas cardiovasculares y renales.
La American Heart Association en sus últimas recomendaciones5 ha dicho que, para la población general, debe reducirse el consumo diario de sodio, de los 4000 mg recomendados antes, a 1500 mg, con una meta intermedia de 2300 mg (equivalentes a 5 gramos de sal).
Un metaanálisis aparecido este último año6 ha creado una controversia en que los autores, después de analizar siete estudios aleatorios controlados de reducción de sal dietética en normotensos (tres estudios), hipertensos (dos estudios), una población surtida (un estudio), y uno de pacientes con insuficiencia cardiaca, concluyen que la restricción en el consumo de sal no tendría ningún beneficio claro para la salud.
El reanálisis de los mismos datos, pero combinando los normotensos e hipertensos, encuentra ahora estadísticamente significativa una reducción del 20% de eventos cardiovasculares y una no significativa reducción de la mortalidad de toda causa. De hecho, el autor del metaanálisis (Dr. Taylor) dice que necesitamos más pruebas, aún cuando toda la anterior evidencia muestra que la sal es el factor principal que eleva nuestra presión arterial.
Por último, es necesario que se tomen acuerdos sobre el contenido de sal de los alimentos y bebidas. Ha habido esfuerzos para que a nivel estatal se fijen normas del contenido de cloruro de sodio en ellos, con oposición de ciertas industrias, que argumentan que se pierde el sabor en ciertos alimentos y bajará su consumo. ¿Será que la hipertensión debe manejarse con criterios económicos, más que sanitarios?
(Fuente: Mednet/Medwave)







![Glosario: hipertensión [Hipertensión arterial en la atención primaria de salud. 2009]](http://temas.sld.cu/hipertension/files/2016/04/Glosario-e1541006177950.jpg)



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