Riesgos de comer sal podrían estar influenciados por el potasio
El debate sobre los peligros de comer demasiada sal tiene una nueva arista: un estudio del gobierno de Estados Unidos que insinúa que las personas con mayor riesgo son aquellas que ingieren muy poco potasio.
Los alimentos ricos en potasio, como frutas y verduras, han sido recomendados por mucho tiempo como una manera de protegerse contra enfermedades cardiacas y otro males crónicos. La nueva investigación es una de las primeras y más grandes de Estados Unidos que revisa la relación entre la sal, el potasio y las muertes por enfermedades cardíacas.
“Si tienes demasiado sodio y muy poco potasio, es peor que cualquiera de los dos por sí solo”, dijo el doctor Thomas Farley, comisionado de salud de la ciudad de Nueva York y quien ha dirigido los esfuerzos para hacer que el público consuma menos sal. Coescribió un comentario publicado el lunes con el estudio en la revista Archives of Internal Medicine.
El potasio podría neutralizar los efectos dañinos de la sal para con el corazón, dijo la doctora Elena Kuklina, una de los autores del estudio. El sodio incrementa el riesgo de desarrollar hipertensión arterial, una de las principales causas de males cardíacos e infartos.
La sal —cloruro de sodio— es la principal fuente de sodio para la mayoría de las personas.
La investigación descubrió que las personas que comen mucha sal y muy poco potasio eran el doble de propensas a morir de ataque cardíacos que quienes comían cantidades iguales de ambos minerales. Tal imbalance representó un riesgo mucho mayor que simplemente comer demasiada sal, de acuerdo con el estudio.
No se sabe exactamente cómo interactúan la sal y el potasio, y nadie cree que simplemente con tomar una píldora de potasio se proteja a las personas de los peligros de una dieta alta en sal.
En lugar de eso, el mensaje para el público es el que los médicos han repetido durante años: comer muchas frutas, vegetales y otros alimentos ricos en potasio, y al mismo tiempo consumir menos alimentos salados y procesados.
Las autoridades dicen que nadie debe comer más de 2,3 gramos de sodio al día. Quienes tiene hipertensión arterial, deben comer menos que eso.
La cantidad recomendada de ingesta de sodio es de 4,7 gramos al día.
En el nuevo estudio, los investigadores evaluaron a más de 12.000 adultos estadounidenses con 20 años o más. Les preguntaron qué habían comido el día anterior y calcularon su ingesta diaria de sodio y potasio. A los participantes se les dio seguimiento por 14 años; 433 de ellos murieron de ataque cardíaco.
Las personas que consumieron cinco gramos al día tuvieron el doble de riesgo de morir de un infarto cardíaco que las personas que comieron dos gramos diarios en el periodo de seguimiento.
Los resultados se basan en lo que las personas dijeron que comieron sólo un día de sus vidas. Eso podría no ser característico ni representativo de su dieta en los años siguientes, señaló el doctor Robert Eckel, experto cardiólogo de la Universidad de Colorado.
Además, es un estudio de observación que muestra una aparente relación, no la clase de estudio científico riguroso que se usa para probar causa y efecto, añadió.
(Fuente: noticias.terra.com)
Controlar presión arterial baja riesgo de demencia
Expertos en medicina interna y cardiología de Texas, señalaron que un buen control de la hipertensión arterial disminuye en 50 por ciento el riesgo de padecer demencia
senil, además de que a los hombres menores de 40 años les evita una muerte súbita.
Henry Punzi, director médico de Estudios Clínicos en el Trinity Hypertension Research Institute, alertó que registrar índices altos de lo que se conoce como ‘presión alta’
pone en peligro la vida al exponerse a sufrir accidentes cardiovasculares (ACV), como embolias e infartos cerebrales.
El médico adscrito al Departamento de Medicina Interna en el Baylor Medical Center en Carrollton, Texas, explicó que ‘el control de la presión arterial disminuye en 50 por
ciento la demencia senil, al hacer que la circulación sanguínea irrigue sin problemas al cerebro y evite la creación de coágulos que atrofian las arterias y venas lo que
provoca el ACV’.
Recordó que en México 70 por ciento de la población tiene problemas de sobrepeso y obesidad, lo que agrava el panorama de hipertensión, diabetes y colesterol que son
factores de mucho riesgo, que provocan un daño o inflamación de las arterias y disminuyen el aporte de sangre y nutrientes a los tejidos.
Por ello, también alertó sobre otro grave problema que son las demencias vasculares, debido a que al empezar a faltar irrigación al cerebro éste comienza a funcionar mal.
Otro grave riesgo es que muchos hombres menores de 40 años sufren este tipo de problemas o muerte súbita, debido que son más renuentes que las mujeres a cuidar su
salud, y por el estrés laboral y presiones económicas se dedican a trabajar, son sedentarios y consumen comida rápida o chatarra.
‘Los hombres son los más renuentes, de 24 a 54 años de edad están en grave riesgo de sufrir muerte súbita a consecuencia de la hipertensión arterial, ya que se enteran
que tienen algún problema cuando les sucede el evento cardiaco o cardiovascular’, explicó el galeno.
Sin embargo, advirtió que la enfermedad cardiovascular mata más a mujeres que a hombres porque desarrollan los problemas a mayor edad, aunque los hombres mueren
más jóvenes por estas causas.
‘Mata mucho más que el cáncer, aunque el cáncer es más emocional porque afecta a mujeres de 30 años y el infarto mata a cuatro o cinco veces más mujeres pero de
edad de 60 años o más’, puntualizó el médico.
En Estados Unidos, añadió, 480 mil mujeres mueren al año de infarto y por la misma causa fallecen 450 mil hombres, por lo que algunos expertos piensan que es un
problema de los varones y descartan que una mujer de 45 años de edad pueda tener factores de riesgo y sin tratarlas las envían a sus casas.
‘Si presenta dolor de pecho muchos médicos lo relacionan con problemas de ansiedad o episodios depresivos, cuando pueden estar en una situación de infarto o de
hipertensión, por eso se debe hacer una debida evaluación y auscultación médica y definir si tiene o no algún problema cardiovascular’, resaltó Henry Punzi.
Mencionó que de acuerdo con la Liga Mundial de Hipertensión el que la gente conozca sus niveles de presión arterial podría salvarle la vida, pues al año mueren en el
mundo más de siete millones de personas por complicaciones como hipertensión arterial y trastornos cardiovasculares como infarto al corazón, por un evento vascular
cerebral e insuficiencia renal.
Con base en datos de la organización, el especialista refirió que para 2025 dicha enfermedad afectará a 1.5 mil millones de personas en todo el mundo, por ello convocó a
la población a que identifique si padece presión arterial alta y realice un control óptimo de esta situación.
‘En México la hipertensión arterial tiene una prevalencia de 30.8 por ciento en la población mayor de 20 años, cifra que se incrementa a más de 50 por ciento en los
hombres y cerca de 60 por ciento en las mujeres a partir de la sexta década de la vida, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2006 de la Secretaría de
Salud’, recordó el especialista.
En este contexto, insistió en que es fundamental promover en toda la población el conocimiento e identificación cotidiana de los niveles de presión arterial, los cuales para
una persona sana son de 120/80, como marca el mercurio, si se eleva a más de 140/90 y es constante deben tomarse medidas.
‘El diagnóstico a tiempo es la única arma para proteger al paciente del daño que puede provocar la hipertensión arterial, ya que cuando el paciente toma conciencia, toma
sus medicamentos y cambia sus hábitos, hace ejercicio y modifica su forma de comer, logra el control en 99 por ciento de los casos’, concluyó.
(Fuente: Notimex)
Ocho de cada diez hipertensos interrumpen su medicación durante el verano
La llegada del verano y el cambio de hábitos producidos por la vacaciones y la modificación de horarios, provoca que muchos pacientes hipertensos se olviden de continuar
su tratamiento, hasta el punto de que 8 de cada 10 lo interrumpen total o parcialmente.
La llegada del verano y el cambio de hábitos producidos por la vacaciones y la modificación de horarios, provoca que muchos pacientes hipertensos se olviden de continuar
su tratamiento, hasta el punto de que 8 de cada 10 lo interrumpen total o parcialmente.
Así lo asegura la Sociedad Española de Hipertensión-Liga Española para la Lucha contra la Hipertensión Arterial (SEH-LELHA), cuya presidenta, Nieves Martell, recuerda
que “esto produce una subida de tensión sistemática”.
La asociación de estrés e hipertensión puede dar lugar a serios malentendidos en los pacientes con cifras altas de presión arterial y llevarles a suponer que la relajación
propia de las vacaciones puede disminuir estas cifras y que su necesidad de tratamiento es mucho menor. Como explica la doctora Martell, “esto datos sumados a que,
generalmente el calor produce un descenso de las cifras tensionales, hace que los pacientes adopten decisiones sobre su medicación basándose en razonamientos
erróneos”
Con los desplazamientos que se producen en la época estival el Grupo de Trabajo de la Automedida de la Presión Arterial (AMPA) perteneciente a la SEH-LELHA,
recomienda a los pacientes hipertensos “llevar consigo el tensiómetro a su lugar de veraneo para conocer los niveles al menos una vez a la semana”.
Es importante durante el verano prestar especial atención a la alimentación que por la realización de comidas grasa y con altos contenidos en sal, unido al consumo
excesivo de alcohol y tabaco provoca variaciones en la tensión arterial. En palabras de Martell, “sí descontrolamos la alimentación, el resultado no sólo repercute en un
aumento de peso y una variación de la tensión, sino que también aumenta el colesterol, los triglicéridos e incluso el azúcar. De hecho, a la vuelta de las vacaciones se
registran numerosas crisis hipertensivas fruto de un mal cumplimiento terapéutico”.
Para combatirlo, los expertos recomiendan incluir en el menú diario frutas, verduras y hortalizas, así como cereales, lácteos desnatados, carnes blancas y magras, el
pescado azul o blanco y aceita de oliva, que mejoren los habitos alimenticion y el control de la tensión.
(Fuente: www.telecinco.es)
La cantidad de sal recomendada es de 3,6 gramos diarios
http://www.elmundo.es/elmundosalud/2011/07/15/nutricion/1310726092.html
La guerra contra la sal en la dieta se declaró hace ya décadas en los países desarrollados sin que al parecer fuera del todo ‘científicamente’ justa. Prueba de ello es la
controversia que se ha suscitado este año con la publicación de varios artículos que cuestionan la restricción de su consumo en pro de reducir la tensión arterial y así
disminuir también el riesgo cardiovascular.
El primero en sembrar la polémica veía la luz el pasado mayo. La revista ‘The Journal of American Medical Association’ (JAMA) se hacía eco de un trabajo liderado por Jan
Staessen, de la Universidad de Leuven (Bélgica), que determinaba que los participantes sanos que más sodio consumían no tenían más riesgo de morir del corazón o por
culpa de un ictus en comparación con los más recelosos con la sal. Sin embargo, tal y como ha declarado a ELMUNDO.es, este experto, “la patología cardiovascular fue
un 56% más elevada en las personas que menos sal ingerían”.
El trabajo contó con la participación de 3. 681 sujetos de entre 20 y 60 años a los que se les midió el consumo de sal a través de un análisis que midió su secreción en la
orina. Así, los científicos los dividieron entre tres grupos: los que más sal consumían, los que menos, y los que ingerían una cantidad normal. Ninguno padecía enfermedad
cardiaca previa y dos tercios presentaban una tensión arterial normal. El seguimiento duró ocho años.
Según constatan los autores en sus conclusiones: la presión sistólica (tensión máxima), pero no la diastólica (mínima) aumentaba a medida que lo hacía el consumo de sal
en el tiempo, pero de forma poco significativa “por lo que no puede traducirse en un mayor riesgo de hipertensión o complicaciones cardiacas”.
Concretamente, y tal y como afirma el director del ensayo: “podemos extrapolar nuestros resultados a la población en general, pero no pretendemos cambiar las directrices
para los pacientes hipertensos o para los que padecen insuficiencia cardiaca o cualquier otra patología cardiovascular, porque no es nuestra tarea. Lo único que hemos
observado es que con el tiempo el consumo elevado de sal produce un efecto pequeño sobre la tensión arterial sistólica, pero no en la diastólica. El segundo hallazgo fue
que los pequeños cambios en la presión arterial que vemos con el cambio de la ingesta no se traducen en una mayor incidencia de hipertensión. Y la tercera conclusión,
que fue una sorpresa para nosotros, era que el consumo bajo de sal se asocia con mayor mortalidad cardiovascular”.
Desacuerdo
A Jan Staessen le han llovido las críticas. Se ha dicho que su trabajo contaba con un pequeño número de participantes, que eran demasiado jóvenes o que la secreción de
sal en la orina no es una medida suficiente para conocer el consumo real de sodio de una persona. Sin embargo, y pese a la retahíla de reproches pocos son los que no
reconocen que la evidencia que vincula la sal a las enfermedades cardiovasculares siempre ha sido tenue.
La muestra más reciente de ello llegó la semana pasada de la mano del ‘American Journal of Hypertension’ . Rod Taylor, de la Universidad Exeter (Reino Unido), publicaba
un estudio de revisión de la Cochrane (organización internacional, independiente y sin ánimo de lucro cuyo principal objetivo es asegurar que exista información sobre los
efectos de las intervenciones sanitarias realizada de forma rigurosa y periódicamente actualizada) en el que se analizaron siete estudios que contaron con una participación
de 6.250 sujetos. La conclusión: “no hemos encontrado pruebas sólidas que demuestren que la ingesta reducida de sal disminuya los ataques al corazón o los infartos
cerebrales”.
Pese a ello, el doctor Taylor reconoce: “Nuestros hallazgos no deben ser tomados como evidencia de que reducir la cantidad es una mala recomendación. Pero en las
personas con tensión arterial normal, los efectos de su disminución en la presión son muy pequeños y en aquéllos con una tensión de moderada a alta, los beneficios que
se logran no son tan importantes como los que se consiguen con la medicación”.
No obstante, este especialista matiza que “la probable explicación de que la reducción de sodio carezca de un gran impacto sobre la disminución de la tensión arterial o en
la mortalidad es la dificultad que tienen las personas para seguir una dieta baja en este condimento durante muchos años. De hecho, es probable que los participantes en
estos estudios al principio siguieran los consejos para reducir la sal, pero no fueron capaces de mantenerlos a largo plazo, lo que contribuyó a la falta de beneficios en su
salud. Desafortunadamente, estos trabajos no continuaron el seguimiento de los participantes (su dieta o su secreción de sal en la orina), lo que significa que nuestra
hipótesis no se puede verificar por completo”.
Recomendación
Mario Ávila, cardiólogo especializado en hipertensión del Hospital Clínico San Carlos de Madrid, reconoce que la polémica de si se debe recomendar o no la restricción de
la sal para prevenir eventos cardiacos en la población sana “viene de muy atrás. Sin embargo, si preguntas a los especialistas si recomendarían a sus pacientes que no
reduzcan su consumo, todos contestan rotundamente no. Lo que sabemos es que aún faltan estudios para cambiar las directrices actuales”.
Recuerda este experto que la cantidad aconsejada “es de 3,6 gramos diarios. En España, el uso está entre tres y ocho gramos al día. Ha quedado claro que reducir su
ingesta no tiene los efectos cardiovasculares que creíamos. Pero en pacientes hipertensos lo que sí está claro es que lo importante es tomar la dosis adecuada. No se
trata de dejar de tomar sal, porque dosis muy bajas pueden ser perjudiciales, si no tomarla en su justa medida”.
(Fuente: El Mundo)
Soja o leche para tener la tensión arterial a raya (solo con internet el enlace)
No será la primera vez que oye hablar de los beneficios de la soja, pero los últimos datos de un estudio publicado en la revista ‘Circulation’ son una prueba más de las propiedades que aporta esta legumbre, esta vez disminuyendo la tensión arterial. Pero si no le gusta este alimento y su tensión está un poco descontrolada, no sufra, parece que la leche puede tener el mismo efecto positivo.
Tener una tensión arterial superior a 135/85 mm de Hg está relacionado con un mayor riesgo cardiovascular y con más probabilidad de muerte prematura. Cualquier medida que esté orientada a tener estas cifras controladas merece la pena llevarla a cabo. Hay muchos hábitos que potencian la salud cardiaca como la práctica regular de ejercicio o llevar una dieta equilibrada. Sin embargo, son muchas las personas que cada año ven cómo su médico les ‘etiqueta’ de hipertensos, de ahí que existan muchas investigaciones que evalúen diferentes dietas, hábitos o tratamientos para prevenir o tratar la tensión alta.
La última ha sido llevada a cabo por investigadores de la Escuela de Salud Pública y Medicina Tropical de la Universidad de Tulane en Nueva Orleans (EEUU) en la que han evaluado el efecto de las proteínas de la soja o de la leche sobre 352 adultos, mayores de 22 años, con unas cifras de tensión arterial elevadas (algunos hipertensos y otros prehipertensos): la sistólica oscilaba entre los 120 y 159 mmHg y la diastólica estaba entre los 80 y 95 mmHg.
Los investigadores asignaron a los participantes a tres grupos de forma aleatoria. Durante ocho semanas, un grupo tomó un suplemento de 40 gramos de proteínas de soja al día, el segundo, 40 g de proteína láctea y el tercero recibió un suplemento diario de carbohidratos. Los tres suplementos tenían el mismo envase y aspecto, de tal forma que ni los participantes ni los investigadores sabían el que estaban recibiendo. Asimismo, a todos se les tomó la tensión arterial en repetidas ocasiones cada vez que acudían a la consulta.
Comparados con los carbohidratos, los suplementos de soja y de leche redujeron más la tensión arterial sistólica (la cifra más alta). En concreto, los participantes que tomaron las proteínas de soja tuvieron un descenso de 2,3 mmHg y los que ingirieron las proteínas lácteas, de 2 mmHg.
“Algunos estudios observacionales habían sugerido que comer carbohidratos o seguir una dieta rica en carbohidratos podría ayudar a reducir la tensión arterial. Sin embargo, nuestro ensayo clínico, que los compara directamente con las proteínas de la soja y de la leche, muestra que estas últimas disminuyen más la tensión que los primeros”, señala Jiang He, principal autor del estudio y epidemiólogo en la Universidad de Tulane.
Aunque la reducción de la tensión arterial no fue muy grande, los investigadores señalan que, en la población general, una disminución de 2mmHg en la sistólica “podría conducir a una reducción del 6% en la mortalidad por ictus, del 4% en la mortalidad por enfermedad cardiovascular y del 3% en la mortalidad por cualquier causa”.
Tal y como señalan los autores, éste es otro estudio más que apoya la idea de que la ingesta de proteínas vegetales puede ser una importante estrategia nutricional para prevenir la hipertensión. Sin embargo, hasta ahora no había evidencias en cuanto a las proteínas lácteas. “Este es el primer ensayo clínico que documenta que las proteínas de la leche disminuyen la tensión arterial en personas prehipertensas o hipertensas”, explica el artículo.
No obstante, debido a que el ensayo clínico se realizó con suplementos, y no con alimentos, se requieren de otros estudios que examinen el efecto de varias dietas proteicas sobre la tensión arterial para “poder recomendar un aumento de la ingesta diaria de proteínas dentro de la dieta como parte de una estrategia de intervención en la prevención y tratamiento de la hipertensión”.
(Fuente: elmundo.es)







![Glosario: hipertensión [Hipertensión arterial en la atención primaria de salud. 2009]](http://temas.sld.cu/hipertension/files/2016/04/Glosario-e1541006177950.jpg)



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