Artículos de interés

Villarreal AL, Noriega A, Rodríguez A. Rev Mex Oftalmol; Noviembre-Diciembre 2009; (6):385-389.

El pterigión se observa en todo el mundo, sobre todo en áreas climáticas donde los niveles de radiación solar ultravioleta son elevados. Una teoría sobre la formación del pterigión explica que la luz ultravioleta puede causar mutaciones en el gen supresor de tumores p53, lo que resulta en su expresión anormal en el epitelio del pterigión. Estos cambios sugieren que el pterigión no es únicamente una lesión degenerativa, sino que pudiera ser el resultado de una proliferación celular anómala.

Casanueva HC, González Y, Alberro M, Rojas E.  Rev Mex Oftalmol; Noviembre-Diciembre 2009; 83(6): 377-380.

El tratamiento del pterigión es necesariamente quirúrgico y ha constituido un desafío constante para los oftalmólogos la búsqueda del método ideal que evite la recidiva, considerada su principal complicación. Para su extirpación se han descrito numerosas técnicas:la esclera desnuda de Ombraim; la escisión del pterigión con autoinjerto conjuntival; con injerto de membrana amniótica o mucosa bucal; la queratoplastía lamelar o escleroqueratoplastía. Asociado con ellas, muchos autores recomiendan la utilización de agentes físicos y químicos como la Mitomicina C, el 5 Fluoracilo, la radiación beta y la radiación blanda, entre otros.De todas estas modalidades de tratamiento coadyuvante a la exéresis del pterigión, el uso de Mitomicina C (MMC) se ha estudiado con detalle.

Malváiz R, Ramírez A, Palacios G,Sánchez A. Rev Mex Oftalmol; Enero-Febrero 2009; 83(1):6-10.

En 1949, Barraquer hizo los primeros intentos de implantaciónm intraestromal de material biocompatible. Los anillos intraestromales (INTACS) son dispositivos que se insertan a un 70–80% del estroma corneal creando una zona de tracción de aproximadamente 300 grados. El objetivo que se busca es lograr regularizar la superficie corneal contribuyendo a una mejor adaptación de un lente de contacto o bien, a un lente aéreo. Actúan como elementos espaciadores pasivos, acortando la longitud de arco de la superficie corneal anterior, aplanando la córnea central y proporcionando soporte biomecánico a la córnea delgada ectásica.

I Kaiserman, I Bahar, DS Rootman.  Br J Ophthalmol 2008;92:1103-1107.

La queratoplastia penetrante tiene un éxito relativamente mayor comparada con el trasplante de otros tejidos. Sin embargo, el resultado visual a veces no es satisfactorio por la presencia de ametropías como el astigmatismo alto regular y/o irregular. A pesar de las diferentes técnicas de sutura y sistemas del trepanación utilizados, el astigmatismo postoperatorio promedio es de 4–6 dioptrías (D) en la mayoría de los estudios, donde la posición del botón parece  juegar un papel importante.

R G Pillai, S C Beutelspacher, D F P Larkin, A J T George. Br J Ophthalmol 2008 92: 259-264.

El trasplante corneal es el más común y exitoso de los trasplantes de tejidos. El rechazo es la causa más frecuente de fracaso del trasplante corneal y es aún mayor en los pacientes con  historia de rechazos anteriores y/o una córnea muy vascularizada. La reacción inmunológica puede perturbar la microanatomía del estroma, o dañar las células endoteliales esenciales para la transparencia.

I Kaiserman, I Bahar, D S Rootman . Br J Ophthalmol 2008;92:143-146.

La queratoplastia penetrante (PKP) continúa siendo el procedimiento de elección para tratar muchos desórdenes corneales. El desarrollo de instrumentos más delicados y nuevas técnicas de suturas han mejorado el resultado visual postoperatorio. Busin describió en 2003 una nueva configuración de la incisión en forma de sombrero, donde la superficie anterior del botón donante es menor que la superficie posterior (7.0 mm y 9.0 mm, respectivamente). El lecho receptor es preparado una manera que acomode al botón corneal.

A. Cardona Monjo. Medicina Balear vol. 23, No 2, 2008.

Las fluoroquinolonas son ampliamente utilizadas para el tratamiento de infecciones oculares bacterianas, ya que tienen actividad tanto para Gram positivos, como para Gram negativos. Son fármacos seguros, pero se han descrito depósitos blancos cristalinianos en pacientes con administración frecuente y prolongada. Inicialmente se describieron los depósitos corneales en aquellos casos tratados con ciprofloxacino, con el tiempo se ha visto que también el norfloxacino y el ofloxacino, así como fluoroquinolonas de cuarta generación como el moxifloxacino o gatifloxacino, pueden producir estos depósitos.