Psicología y salud mental

Esta opinión está basada en una revisión sistemática con evaluación de la calidad de los ensayos individuales no registrada aún. Se realizó una revisión sistemática de 13 ensayos aleatorios que comparaban el uso de metilfenidato de acción prolongada versus metilfenidato de corta acción en 882 pacientes con desorden  de hiperactividad por déficit de atención (DHDA) de < 18 años.

No hubo diferencias significativas en falta de atención/hiperactividad en análisis de cuatro ensayos con informes del profesor  y cinco ensayos con informes de los padres; en falta de atención en análisis de cuatro ensayos con informes del profesor  y 3 ensayos con informes de los padres; en hiperactividad en el análisis de dos ensayos con informes de los padres y en hiperactividad/impulsividad en el análisis de dos ensayos con informes del profesor.

La comparación del uso de metilfenidato de acción prolongada y de corta acción reveló que el metilfenidato de corta acción se asoció con hiperactividad reducida informada por el maestro en el análisis de 3 ensayos, y el metilfenidato de acción prolongada se asoció a la reducción de hiperactividad/impulsividad informada por los padres en el análisis de 3 ensayos.

No hubo diferencias significativas en los eventos adversos.

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Long-acting versus short-acting methylphenidate for paediatric ADHD: a systematic review and meta-analysis of comparative efficacy. Salima Punja, Liliane Zorzela,     Lisa Hartling, Liana Urichuk, Sunita Vohra.  BMJ Open 2013;  Volume 3, Issue 3.

Trastorno depresivo es aquel que afecta al desarrollo del niño o al adolescente e interfiere con su progreso madurativo psicológico y social.En el 3er Congreso Virtual de Psiquiatría Interpsiquis 2002, el Profesor Titular de Psicopatología Héctor S. Basile, presentó este trabajo donde se describen recursos para la atención temprana de la depresión: identificar los grupos de riesgo juvenil, los perfiles de personalidad vulnerables, los métodos de diagnóstico precoz y los métodos de prevención desde la comunidad.

La depresión infantil y la de los adultos tienen manifestaciones diferentes que dificultan su correcto diagnóstico, debido a los procesos del desarrollo que existen en la niñez y la adolescencia. Para realizar el diagnóstico temprano de depresión en el niño es necesario, evaluar su edad y desarrollo, su nivel de madurez emocional, su situación familiar, y su autoestima. El mayor riesgo de la depresión es el intento suicida, especialmente doloroso en un niño o un adolescente. De allí la necesidad del diagnóstico precoz que posibilite prevenirlo.

El término trastorno depresivo no lo utilizaremos para referirnos a ciertos momentos tristes experimentados durante la vida, sino a un trastorno que afecta al desarrollo del niño o al adolescente e interfiere con su progreso madurativo psicológico y social.

El diagnóstico “depresión” puede corresponder a un síntoma, un sindrome, un grupo de respuestas psicológicas o una enfermedad psicopatológica. Lo que diferencia un síntoma de un trastorno es la duración e intensidad de la respuesta (como la tristeza). Por ejemplo, un niño puede estar triste como reacción a un trauma, y la tristeza puede durar poco tiempo.

El trastorno depresivo se caracteriza por una respuesta de larga duración y está asociado con el insomnio, la irritabilidad, los cambios en los hábitos alimentarios y los problemas en la escuela y con los amigos. Siempre que una problemática no desaparezca, se debe considerar la posibilidad que el niño padezca un trastorno depresivo.

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Fuente: Alape

Niños. Imagen: OPSLa resiliencia es la capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas. Los niños y adolescentes resilientes responden mejor al contacto con otros seres humanos y generan más respuestas positivas en las otras personas. Son además, más activos, flexibles y adaptables aún en la infancia.

Este componente incluye cualidades como la de estar listo para responder a cualquier estímulo, comunicarse con facilidad, demostrar empatía y afecto, y tener comportamientos prosociales. Como resultado, los niños resilientes, desde muy temprana edad, tienden a establecer más relaciones positivas con los otros.

El enfoque de la resiliencia parte de la premisa que nacer en la pobreza, así como vivir en un ambiente psicológicamente insano, son condiciones de alto riesgo para la salud física y mental de las personas. Más que centrarse en los circuitos que mantienen esta situación, la resiliencia se preocupa de observar aquellas condiciones que posibilitan el abrirse a un desarrollo más sano y positivo. Desde la década del ochenta en adelante, ha existido un interés creciente por conocer aquellas personas que desarrollan competencia a pesar de haber sido criadas en condiciones adversas, o bien en circunstancias que aumentan el riesgo de presentar psicopatologías. Este grupo de personas ha sido denominado como resiliente.

El vocablo resiliencia tiene su origen en el idioma latín, en el término resilio que significa volver atrás, volver de un salto, resaltar, rebotar. El término fue adaptado a las ciencias sociales para caracterizar aquellas personas que, a pesar de nacer y vivir en situaciones de alto riesgo, se desarrollan sicológicamente sanos y exitosos.

Durante la década del 70 ganó popularidad el concepto de niño invulnerable, con el que se aludía a algunos niños que parecían constitucionalmente tan fuertes, que no cedían frente a las presiones del estrés y la adversidad. No obstante, este concepto resultaba confuso y, según lo afirma Rutter (1985), equivocado por al menos tres razones: la resistencia al estrés es relativa, no absoluta, en tanto no es estable en el tiempo y varía de acuerdo a la etapa del desarrollo de los niños y de la calidad del estímulo. Las raíces de la resistencia provienen tanto del ambiente como de lo constitucional, el grado de resistencia no es estable, sino que varía a lo largo del tiempo y de acuerdo a las circunstancias. Por estos motivos, en la actualidad se utiliza preferentemente el concepto de resiliencia.

Les invitamos a conocer más sobre este tema, en la Organización Mundial de la Salud.

Fuente: Estado de arte en resiliencia. 1997

El trastorno por déficit de atención por hiperactividad (TDAH) es más común en las personas con discapacidad intelectual (DI) que en la población general. Al igual que en la población general, TDAH afecta la capacidad de aprender y se asocia con disturbios del comportamiento, y por lo tanto, cualquier intervención para reducir estos síntomas es importante.

La risperidona es un nuevo antipsicótico atípico, prescrito a personas con DI por muchas razones, incluyendo el comportamiento disruptivo, TDAH y psicosis. La mayoría de las investigaciones sobre el uso de risperidona para hiperactividad o comportamiento disruptivo se han realizado en personas con autismo, que no tienen un diagnóstico claro de TDAH. El objetivo de esta revisión fue examinar la efectividad de la risperidona en las personas (niños y adultos) con discapacidad intelectual y TDAH.

En el estudio se observó que ha aumentado el uso de medicamentos  antipsicóticos como tratamiento para el TDAH. Una encuesta reciente en la población general de Estados Unidos encontró un aumento en el inicio de medicación antipsicótica para el TDAH o los trastornos de conducta entre 1996 y 2001, representando un 43.1% de nuevas recetas en 2001. Sin embargo,  esta revisión no encontró pruebas suficientes para apoyar el uso de la risperidona como medicamento de primera línea para el THDA en personas con DI. Recetar risperidona en este grupo se puede basar solamente en estudios no controlados o en la extrapolación de las investigaciones en personas sin un diagnóstico de identificación.

Vea la revisión completa (Cochrane).
Vea otras actualizaciones en el tratamiento de este desorden (DyndMed).

Artículo original:
Risperidone for attention-deficit hyperactivity disorder in people with intellectual disabilities. Thomson A, Maltezos S, Paliokosta E, Xenitidis K. Cochrane Database Syst Rev. 2009 Apr 15;(2):CD007011.

Los años de la adolescencia  pueden ser un período difícil. Pueden sentirse abrumados por los cambios emocionales y físicos por los cuales están atravesando. Al mismo tiempo, los adolescentes pueden estar enfrentando muchas presiones: por parte de los amigos por ser aceptados, de los padres y otros adultos por que les vaya bien en la escuela, o de actividades como deportes o trabajos de medio tiempo.

En esta etapa se experimentan nuevos valores, ideas, estilos de peinados y de formas de vestir a medida que tratan de definir quienes son. A pesar de que esto puede resultar incómodo para los padres, es parte normal de ser un adolescente.

Comunicarle su amor a su hijo es la cosa más importante que usted puede hacer. Los niños deciden como se sienten acerca de si mismos en gran parte de acuerdo a como sus padres reaccionan ante ellos.

Los padres de los adolescentes con frecuencia solamente notan los problemas y hasta pueden caer en el hábito de darles más que nada reacciones y críticas negativas. A pesar de que los adolescentes necesitan una reacción con información, ellos responden mejor cuando la reacción es positiva. Elogiar los comportamientos apropiados le puede ayudar a su adolescente a sentir la satisfacción de un logro y reenforzarle sus valores familiares.

Existen señales de alarma que nos indican que el adolescente está en problemas.

Ver más.

Fuente: Entendiendo la salud emocional de su hijo o hija adolescente. FamilyDoctor.org